martes, 15 de enero de 2013

DIÁLOGO DE BESUGOS

                                                        
                                              DIÁLOGO DE BESUGOS

Emilio fue requerido por una mujer toda ella vestida de negro que recordaba, según pensamientos de Pablo, al existencialismo de las cantantes francesas de los años sesenta. Se trataba de Mamen que comenzaba a desgranar a Emilio, una por una, las novedades cinematográficas de la semana. Pablo al oírla siguió pensando que, pese a las demostraciones y especulaciones emocionales sobre las obras de Antonio, nadie parecía ser pintor exactamente. Entonces, ¿qué hacían allí? Indudablemente aunque la mayoría eran correligionarios de Antonio e Isabel, había cierta dispersión en el ambiente: algunos compartían pintura con otras demostraciones artísticas o literarias. Pablo agudizó el oído para no perder aquellos razonamientos de Mamen acerca del cine, no entendiendo bien en qué basamentos bebía para ensalzar o desacreditar ciertos filmes, pensando que personas como ella eran las causantes de que muchas cintas no funcionaran y a la inversa. Como si Emilio se hubiera introducido en sus pensamientos, le oyó decir:
-La gente normalmente está muy pendiente de cuanto dicen los críticos, de cuanto escriben en diarios o revistas con reseñas todopoderosas, amén de la potente propaganda impuesta, que hacen de las taquillas de los cines lugares de nadie, o colas que bordean las manzanas de los edificios.
-Estás en un error -dijo entonces Mamen entre sibilinas sonrisas-. Nada de todopoderosos ni de creerse dioses, al menos en mi caso. Aunque soy neófita y acabo de iniciarme tímidamente, creo tener las ideas claras. Simplemente llevamos una ventaja sobre los demás. Por otro lado, hoy día, como bien sabes, no hay colas sino cajeros automáticos e internet.
-¿Una ventaja dices?
-Una ventaja, sí.
-¿Qué ventajas son esas que hacen que una opinión incida tan eficazmente sobre el espectador?
-Lo dices como si se tratase de comerle el coco a la gente.
-¿Y no es así?
-Es orientativo. Puede haber casos efectivamente, pero no se debe generalizar. Hay comentaristas honestos que dicen aquello que efectivamente sienten al analizar, y ayudan a entender la obra. El crítico, antes de nada, es un espectador. Quizás un espectador que mira desde otras latitudes, ya que para ejercer como crítico, hay que saber mirar.
-¿Pero en qué consiste ese saber mirar?
-Hay que integrar ciertas pautas y consejos. Ver la película no es suficiente. Hay que intentar verla desde varios ángulos, y analizarla con espíritu crítico para percibir sus mensajes y valores. Hay que conocer la trayectoria del director, y saber analizar el argumento, hacer un esquema, elaborar una sinopsis de la idea que se quiere trasmitir. Hablar de los actores, sus interpretaciones, los elementos estéticos: fotografía, vestuario, ambientación, música y la banda sonora, la calidad del sonido, y la estructura narrativa debida a la mano del director: valorar los elementos propios del lenguaje del cine, como el tipo de planos, encuadres, movimientos de cámara, el montaje de las secuencias.
-De acuerdo, de acuerdo…
-No me cortes, por favor -dijo resuelta y decidida a continuar-. Está también el contexto, y la ficha técnica. Con todo esto, y ya sé que estoy dando la lata, hay que saber expresar las sensaciones y emociones inmediatas que nos ha sugerido la película, profundizar en los sentimientos que nos ha provocado, su origen, los actores, la forma de la narración, la estructura del guión, etc. Hay que tratar de explicar la experiencia humana que plantea, distinguir entre sentir e informar, ver sin prejuicios. El fin de la crítica es, como creo que te decía antes, orientar. Pasa lo mismo que en la pintura. Además, tú, precisamente tú…
-Lo mío es diferente. Yo no recomiendo nada: expongo, razono, valoro. De todas formas me gustaría que me lo explicaras mejor.
-Lo estoy intentando desde el comienzo y no me dejas. No te abres. Adoptas una postura poco inteligente. Vas a por mí con descaro.
-No es cierto. Te has limitado a darme una serie de pautas, por otro lado conocidas y elementales, del tema y de lo que un crítico ha de tener en cuenta.
-Lo sabes perfectamente, no sé para qué me haces hablar. En base a eso intentas dar una pista al espectador, no conducirle necesariamente, no tratarle como si fuera estúpido.
-¿De veras?
-Vuelvo a insistirte que no en mi caso. De ninguna manera lo acepto. Nos hemos especializado en cinematografía y lo hemos hecho a través del periodismo lo mismo que tú elegiste tu campo. Todo, en ese entramado nada fácil, es de capital importancia. Se nota en seguida cuando falla algo, cuando se desequilibra todo, o cuando se roza lo perfecto. Pues de ese baúl de cositas sacamos como de la chistera, un conejito a veces blanco, a veces gris, a veces negro. Depende.
-¿Depende de qué?
-¿Pero no te lo vengo explicando?
-Sí y no. Has llegado a la conclusión de que sois unos magos, que por arte del encantamiento aparece la película analizada. Además hay condiciones interpuestas.
-¿A qué te refieres?
-Muchos críticos están vendidos o condicionados a las multinacionales, sobretodo norteamericanas. Y si no las personas, sí los medios con los que trabajan. Hablo de prensa y televisión.
-Lo mismo pasa con la música y con todo arte en general, en todo hay influencias e intereses, no es ninguna novedad. Yo te puedo asegurar que en mi caso no hay coacciones: me iría, no lo admitiría.
-De todas formas no es concluyente.
-Efectivamente. A veces acertamos y otras no tanto. Puede ser influyente lo emotivo u otros factores que intervienen a la hora de hacer un artículo: si el director te agrada o no te agrada, si los actores son tus preferidos o no los puedes ver, incluso el género que analizas… ¿A eso te refieres? No es tan fácil disociar emoción y crítica.
-Sin duda.
-Nadie, en ningún campo de la profesión que sea, sale libre de ello, Emilio, tú lo sabes mejor que yo. Este es un diálogo de besugos.
-Todo eso que me dices está muy bien, lo puedo comprender, pero a veces hay errores que luego el tiempo subsana afortunadamente. Películas que en otro tiempo fueron maltratadas, quizás porque no se entendieron o porque la ideología o la moral dominante no lo permitía, hoy se han convertido en obras de culto; otras que en su día cubrieron de gloria a sus realizadores y que encumbró la crítica con los mayores aplausos, hoy son obsoletas o están fuera de contexto y no hay nadie que las digiera.
-Mira, hay muchas maneras de hacer una crítica. Influyen muchísimas cosas como la moda, las tendencias, los momentos en que aparecen como bien dices, la sensibilidad de una época... Una película puede conectar o desconectar con su tiempo, y por tanto con el espectador. Pero refleja y evoca una realidad o una ficción tal y como se entienden en ese instante. Ciertas cintas se quedan para siempre y cobran realce con el tiempo; otras envejecen rápidamente sin remedio. Es así.
-Digas lo que digas sigo opinando que a los críticos en general, los inspira el diablo. Es al público a quien debe o no debe agradar, y por tanto es quien debería valorar. Además se hace preciso saber qué opinión es la que cuenta, si es unánime o no… Es lamentable que se den estas inyecciones de nulidad, este intentar apropiarse indebidamente de la voluntad colectiva.
-Las cosas son así, y tú deberías hacer la propia reflexión. La gente también aprende a discernir, a sentir por sí misma. Lo nuestro es, o debe ser, mera orientación. El espectador no es tonto y tampoco se deja engañar fácilmente. Lo mismo pasa con tus escritos sobre el arte Emilio, no nos engañemos, todos tiramos del mismo carro.

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